jueves, mayo 27, 2010

It Hurts So Bad



En vista del inminente estreno de la tercera temporada de True Blood, decidimos dar paso a la nostalgia y recordar el piloto de la Lady Gaga de las series. Y, la verdad, qué bien sientan los años, porque los inicios fueron duros, duros...
Noche. Camioneta. Redneck. Blowjob. Botella de Tru.Blood.
En menos de 3 minutos, el piloto de la nueva serie del creador de la mítica Six Feet Under nos introduce las constantes del nuevo producto de la siempre innovadora cadena de cable estadounidense Home Box Office (HBO).


Bon Temps, un pueblo de mala muerte de un estado sureño de mala muerte, Louisiana, es la localización perfecta para esta historia de vampiros entre humanos. Los nuevos negros del pueblo desprenden a partes iguales desprecio y admiración. Su implacable imán sexual convierte la serie en un alojamiento para escenas eróticas no aptas siquiera para adultos (no, no hablamos de pornografía explícita, sino de un sexo caníbal y animal que podría ofender a Nacho Vidal), pero su innegable naturaleza, que convierte a los humanos en lujoso manjar en comparación con la desagradable aunque saciante sangre sintética, no los ayuda a integrarse en una sociedad practicante del cristianismo más supersticioso y de un racismo aún tremendamente arraigado, que considera a estas criaturas originarias del Diablo (en realidad, lo son).
Aunque esta temática puede ser muy tentadora, no lo es para nada el episodio piloto. Aburrido y desordenado serían dos buenos adjetivos para describirlo. Para empezar, conocemos a la pareja protagonista, los dos personajes que menos aportan a la ficción, como posteriormente la audiencia ha comprobado.
Soockie Stackhouse es una paleta camarera con un reconocido don de la telepatía. Aunque esto puede causar sorpresa (no el hecho de que posea este poder, sino de que todo el pueblo lo sepa), pronto nos damos cuenta de que esta particularidad no nos hace sentir más simpatía por este personaje, que claramente sufre una deficiencia mental, y no de las que transmiten compasión, por mucho que la interprete Anna Paquin (todo el mundo ama a Anna Paquin).


¿En qué piensa Sookie? Absolutamente en nada.

En bar en el que trabaja Soockie recibe la primera visita de un vampiro, del cual ella se enamora instantáneamente. La chica no es la única que siente interés por la nueva criatura, pues parece que la sangre de vampiro tiene un muy buen precio en el mercado negro, como puede leer Soockie en las mentes de una pareja sentada en la mesa de al lado.

Los traficantes consiguen atrapar a Bill, el vampiro, y drenarle la sangre casi por completo, pero Super Soockie está ahí para defenderlo. Sus poderes no son tan útiles en un combate cuerpo a cuerpo, al menos con el cerebro limitado de la bella camarera, y Soockie recibe una paliza que la deja al borde de la muerte en medio de la noche. Para su suerte, su intervención ha interrumpido la extracción total de la sangre de Bill y ha ahuyentado a los criminales.

Soockie no parece caer en la mentalidad global de prácticamente el resto de la sociedad: los vampiros carecen de toda moral y su eterno motivo en la vida es el más depravado hedonismo.
¿La respuesta a tal acusación? Están en lo cierto.





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